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Para los niños, el final del verano puede representar un abrupto final a la costumbre de quedarse despiertos hasta tarde y levantarse al mediodÃa. Pero sobre todo una ruptura con el disfrute de estar mucho tiempo en el entorno familiar. También señala el inicio de nuevos desafÃos y tal vez un motivo de nerviosismo por regresar a clases.
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Independientemente de que su hijo sea un niño de preescolar o un adolescente, es normal que sufra cierto grado de ansiedad el primer dÃa de colegio. Lo ideal es que los padres sepan aliviar el estrés de sus hijos y manejar sus propias expectativas para el año que comienza.
Los padres no deben actuar de forma exagerada, aunque los niños tengan una transición problemática. Ya que los niños tienen que aprender a afrontar esos sentimientos incómodos, y esto es beneficioso para ellos, ya que la solución es más profunda y duradera, no obstante los padres tienen que acompañarle en este camino de crecimiento a nivel psico emocional.
El importante cambio en la rutina, además del temor a lo desconocido, la sensación de abandono o desentendimiento por parte de los padres frente a sus sentimientos… es suficiente para que los niños estén nerviosos sobre todo los primeros dÃas de colegio, habitualmente este problema creemos que desaparece a los pocos dÃas de colegio, y si bien no da sÃntomas de existir, puede haber causado un daño en el ámbito psico emocional del niño, ¿de qué importancia?, esto es difÃcil de valorar, pero todo va dejando huella en nuestra estructura cognitiva, y esta es la que va a regir nuestra vida emocional.
Según la edad los problemas serán de una Ãndole o de otra, algunos nos parecerán irrelevantes, pero a sus hijos les puede afectar de manera importante, nos parezcan lo que nos parezcan. Sus inquietudes pueden ir desde preocupaciones sobre quién será su profesor, hasta si serán suficientemente inteligentes como para que les vaya bien, se ven frente a todo un curso que les parece, todo entero, como una gran montaña… los más pequeños podrÃan sufrir de ansiedad de separación cuando llega el momento de dejar a sus padres, o preocuparse por ir en autobús, usar el baño…
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Los padres pueden tomar, entre otras, Â las siguientes medidas para ayudar a sus hijos a afrontar la ansiedad:
- Programe una visita. Acompañen a sus hijos en un paseo por la escuela antes del inicio de clases, para que puedan conocer a sus maestros, sus aulas y jugar en el patio, para que no les resulte un lugar hostil.
- Hable sobre la nueva rutina. Muéstrese entusiasta e informe a sus hijos sobre lo que pueden esperar en un dÃa escolar tÃpico. Que no perciba el niño que Vd. lo vive como un problema
- Comience la transición pronto. Establezca una hora más temprana para irse a la cama y ponga la alarma de forma que sus hijos puedan acostumbrarse a su horario escolar por adelantado (una semana es un buen periodo).
- Juegue a la escuela en casa. Si tiene hijos pequeños, juegue a ser maestro y hable sobre las reglas de la escuela.
Los padres también necesitan gestionar su propia ansiedad. “Los padres deben estar calmados y prestar apoyo. Su confianza es clave para los niños, sobre todo los que tienden a preocuparse”, los niños valoran las cosas según las viven los padres, no solo por lo que dicen de ellas.
Los temores de un niño no desaparecen de un momento a otro, ni constituyen un patrón estándar, cada niño tiene una realidad personal que hay que conocer y atender. Los padres no pueden basarse en la norma de la “justicia†por lo que pretenden tratar “igual†a todos los hijos.
En general, la ansiedad por volver al colegio desaparece tras el primer mes, sin embargo hay que estar atentos a ciertos sÃntomas, que pueden revelar un daño posiblemente provocado por una adaptación deficiente, como problemas para dormir, dolores recurrentes de estómago, desaprovechamiento escolar, cambios de humor, rabietas, aislamiento, pesadillas, pérdida de apetito…
Los adolescentes que cambian de secundaria o se dirigen a la universidad también pueden sufrir de ansiedad. “¿Encajaré?”, o “¿Es mi ropa la adecuada?” son preocupaciones tÃpicas, pero la nostalgia constante por el hogar o una incapacidad repentina para concentrarse pueden ser señal de un problema más grave.
“Los padres deben animar a estos adolescentes mayores, contándoles que ellos también pasaron por trances similares en su vida, ayudarles a relativizar el problema, pero sobre todo mostrándoles la confianza que tienen en los hijos, para afrontar los problemas, y en que darán soluciones adecuadas, asà como, sobre todo, que se sientan confiados en que el amor de los padres no les va a faltar aún no teniendo el mayor de los éxitos
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Ayudarles en las actividades escolares, asà como en las extra escolares, siempre es un punto de encuentro muy importante.
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