Cada día adquiere más sentido la antiquísima frase “que tus alimentos sean tu medicina, y tus medicamentos tus alimentos”.
No podemos pretender tener buena salud, sino mantenemos una dieta completa, ni tratar una patología sin tener en cuenta los alimentos que pueden perjudicar la recuperación de la misma.
Todos los alimentos están compuestos por elementos, que el cuerpo necesita para el funcionamiento del mismo (contracción muscular, síntesis de proteínas, de hormonas, neurotransmisores, elaboración de enzimas para la regulación de las reacciones químicas que mantienen vivas las células, mantenimiento del sistema inmunitario, funciones de construcción, de transporte, división y crecimiento celular, coagulación de la sangre, transmisión de los impulsos nerviosos,…); de esto se deriva la necesidad de una alimentación que aporte todos los elementos, y en la cantidad necesaria, para el buen funcionamiento de nuestro organismo, y nuestra salud mental.
En toda dieta, de mantenimiento, para adelgazar, o para engordar, hay que tener en cuenta los tres factores fundamentales que influyen en el resultado de la misma.
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1) La ingesta: Con una dieta podemos buscar adelgazar, engordar, o mantenernos, pero en cualquiera de los casos tendremos que tener en cuenta que el cuerpo reciba los elementos que le son imprescindibles para el buen funcionamiento. En caso contrario el cuerpo nos los reclamará con su peculiar idioma: Hambre, dolores musculares, de cabeza, problemas de visión, intestinales…
Y provocará todo tipo de consecuencias nefastas para nuestra salud.
2) La persona: lo primero que hay que tener en cuenta es la situación fisiológica de la persona.
Una persona con problemas intestinales, no puede esperar que una dieta sea efectiva si la metabolización de los alimentos no funciona correctamente, este ejemplo lo podemos aplicar a otros muchos problemas, muchos de ellos considerados “menores” de forma erronea.
Así como tampoco le resultará fácil mantener una dieta a una persona con problemas emocionales, de ansiedad… dado que aparte del hambre física, existe el hambre psico emocional
3) El ejercicio: En la medida conveniente para cada persona, incrementa el gasto energético, limpia el organismo de toxinas, lo cual es beneficioso para la salud, para la metabolización de los alimentos y la combustión de los depósitos de grasa.
Frente al ejercicio físico, podemos encontrar una dificultad, que creemos muchas veces insalvable: ”la falta de tiempo”. Esto, se argumente como se quiera, es totalmente falso. Quizá no tengamos el suficiente tiempo para prepararnos para un deporte de élite, pero si nos concienciamos que tan importante, para nuestra salud como para nuestro control de peso, son la dieta y el ejercicio, destinaremos el tiempo necesario para practicar el ejercicio adecuado y de forma regular, que no es tanto, salga de donde salga.
